Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana... Star Wars y la nueva mitología

Susana Tosca

IT University of Copenhagen

(Este artículo fue escrito en el año 2000 y publicado en el libro En torno al mito, AAVV, Madrid: Universidad Complutense de Madrid, 2002)

La fuerza que nos acompaña
El conjunto de películas de la serie Star Wars (La Guerra de las Galaxias) es uno de los iconos más representativos de la cultura popular de finales del siglo XX y principios del XXI. Desde el estreno de “Star Wars” en 1977 hasta el inicio de la nueva trilogía en 1999 con “The Phantom Menace” 1, dos generaciones de espectadores de todo el mundo han pagado su tributo a George Lucas en forma de entradas de cine, películas de video, libros, cómics, pósters, camisetas, muñecos, juegos de ordenador y todo tipo de merchandising (sólo en merchandising, Lucas ganó más de 700.000 millones de pesetas hasta 1999).2

Es más que una película, y en esto parecen estar de acuerdo hasta sus detractores. El estreno de “The Phantom Menace” la pasada primavera (1999) en Estados Unidos fue un acontecimiento que ocupó todos los medios de comunicación desde muchos meses antes, desplazando a cualquier otro asunto de política nacional o internacional. El bombardeo publicitario y las largas colas de fans acampados durante días frente a las taquillas de los cines se repitieron por todo el mundo según la película iba llegando a distintos países. En España lo hizo en agosto, y se sucedieron los programas y ediciones especiales dedicados a la nueva película y a repasar las anteriores.

El universo Star Wars ha penetrado en todas las capas de nuestra cultura mediática. Hay parodias en programas de televisión (en España se asocia humorísticamente al maestro Jedi Yoda con Jordi Pujol en programas como El Guiñol de Lo + Plus o El Informal), hay películas paródicas (Spaceballs, de Mel Brooks), y la prensa americana llegó incluso a bautizar al controvertido sistema defensivo de misiles espaciales del gobierno de Reagan como Star Wars (una portada del semanario alemán Der Spiegel presentaba a Reagan llevando el casco de Darth Vader) 3. La frase “que la fuerza te acompañe” tiene su traducción reconocible en cualquier idioma moderno, y forma ya parte del acervo popular de refranes y frases hechas. La explicación para este éxito sin precedentes está, según uno de los libros oficiales que edita Lucasfilms, en que:

The more erudite of critics, whether they liked the film or not, couldn´t resist attaching deeper sociological, philosophical or theological meanings to Lucas´s intent. (VV.AA., 1997:55)

En efecto, parece irresistible el impulso de relacionar los temas de Star Wars con “las leyendas y mitos recurrentes en la historia de la humanidad” 4, y los críticos se han lanzado a identificar topoi como el del elegido (Luke Skywalker, Anakin), el objeto-talismán (la espada láser), la damisela en peligro (Leia, Amidala), los caballeros andantes (los Jedi), el viaje iniciático (de Luke, de Anakin), el ángel caído y la redención (Darth Vader), la inmaculada concepción (Shmi Skywalker), etc .5 Estos temas y el hecho de que la acción suceda en un tiempo borroso/mítico, “hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana”, parecen justificar el hecho de que se hable de una mitología Star Wars. La publicidad de la película insiste mucho en que se trata de una fantasía mitólogica más emparentada con el pasado y los cuentos de hadas (su frase de apertura como singular equivalente del “Érase una vez”), que con la ciencia ficción futurista y “tecnológica” 6, (volveré a esto más tarde). Y probablemente la generación más joven tenga muchas más posibilidades de haber oído hablar de Luke y Leia Skywalker que de Rómulo y Remo, con lo que mencionar todos estos paralelismos puede ser enriquecedor, ya que ayuda a situar las películas en un marco cultural muy amplio. Pero la identificación de temas no es suficiente para explicar el tipo de artefacto cultural que es esta película. A mi juicio, el ejercicio de erudición ha de ir acompañado de un cuestionamiento del significado profundo de tales mitos en el nuevo contexto, y eso es lo que intentaré hacer aquí.

“Are you an angel?”

Eso le pregunta Anakin Skywalker a la disfrazada reina Amidala cuando la ve por primera vez. Ella se sorprende y él explica:

An angel. I´ve heard the deep space pilots talk about them. They live on the Moons of Iego, I think. They are the most beautiful creatures in the universe. They are good and kind, and so pretty they make even the most hardened spice pirate cry. 7

Gran parte del diálogo de la película no resistiría una lectura irónica, pero la cuestión aquí es si los mitos revisados conservan las características de los “originales” bíblicos, clásicos o artúricos. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de mitología?

Carlos García Gual distingue varios usos de la palabra “mito”, diferenciando los usos cotidianos (mito=algo maravilloso y grandioso, se puede decir de una actriz que es “mítica”) de los particulares (la “mitología” de Barthes) y de algunos diccionarios (mito=fábula religiosa/alegoría), (García, 1987: 9-12). A continuación propone la siguiente definición: “Mito es un relato tradicional que refiere la actuación memorable y ejemplar de unos personajes extraordinarios en un tiempo prestigioso y lejano.”(García, 1987: 12)

Insiste García Gual en la naturaleza no-ficticia (no se plantea su relación con la verdad, esto pertenece a otra forma de pensamiento) del mito, y en su repercusión social. La explicación mítica sobre el origen del mundo y otros temas estaría, según este autor, opuesta a la explicación filosófica o empírica (García, 1987: 13), aunque pienso con Coover (1999) que en nuestro mundo contemporáneo las fronteras entre estos tipos de explicaciones son bastante más borrosas que en siglos pasados. Lo importante es que los mitos viven en la memoria colectiva de cada sociedad concreta, y que además sirven de ejemplo a los hombres en el sentido de que son modelos de acción y explican la relación de estos con el mundo. Los hechos míticos se reviven periódicamente a través de rituales de diversos tipos. Para García Gual, los mitos se diferencian de las fábulas o cuentos populares en que en aquellos prima el valor de ejemplo heroico, y en estas el de entretenimiento; el mito se percibe como “historia real y trascendente”. Además, los mitos expresan la ideología de una sociedad y fundamentan las normas de convivencia.        

Es evidente que en nuestra sociedad los mitos clásicos (fundacionales en nuestra cultura) ya no se viven de la forma que describe García Gual; según él han pasado a ser más bien “un repertorio de temas sólo literarios” (García, 1987: 42), con lo que se diluyen las fronteras del mito con la fábula y otro tipo de narraciones.

Antes he dicho que los personajes de Star Wars están mucho más presentes en la memoria colectiva actual que por ejemplo los dioses y héroes griegos; de hecho se podría decir que estas películas “refieren la actuación memorable y ejemplar de unos personajes extraordinarios en un tiempo prestigioso y lejano”. También tienen sus rituales y su fetichismo (acudir a los estrenos vestidos de tropas del Imperio u otro personaje, comprar todos los muñecos del merchandising o coleccionar los pósters de todas las películas). Y en el caso de las películas tampoco se plantea la cuestión de su posible verdad histórica: es irrelevante saber si la tierra forma parte de esa galaxia o no.

El mito clásico es un producto patriarcal y aristocrático que ha llegado hasta nosotros ya purgado de sus aspectos más subversivos y contradictorios. Los intentos de anclar la historia de una sociedad en la nebulosa orilla del mito reflejan siempre una voluntad de legitimación de un poder que pasa así a ser incuestionable. Un ejemplo de esto es La Eneida, al servicio del Imperio romano. Pero este efecto no es sólo político: una obra literaria que presente un repertorio de temas míticos puede querer así demostrar su pertenencia al canon, como cierta poesía renacentista o neoclásica, o incluso poner una barrera erudita voluntaria entre el lector y el significado de la obra, de manera que éste pueda ser desvelado sólo por los iniciados, los cultos. Evidentemente la función de los temas míticos no es tan reducida (su significado profundo es innegable, además de que es fácil, útil y poético identificarse con su interpretación de lo que es el ser humano), pero quiero destacar aquí que la utilización literaria del mito nunca es “sólo” literaria, ni siquiera en el mundo moderno y postmoderno. De hecho, un acto de rebelión literaria y política es la reinscripción del mito, que es lo que hacen Joyce en su Ulysses o Brecht en Los negocios del señor Julio César, como señala María Dolores de Asís:

La historia [...] necesita de mitos que atraigan la atención de las masas y las distraigan de los móviles reales de los acontecimientos. [...] La crítica de Brecht es una crítica al mito más que al hombre, como lo hacían sus fuentes. Consiste en sustituir la historia heroica, aunque discutida ya en la antigüedad, por una historia del proletariado. (Asís,  1999: 14)

Para Asís, este tipo de obras forma parte “del proceso de desmitificación emprendido por autores contemporáneos” (pág. 18). Si por desmitificación entendemos una pérdida del carácter sagrado, o más bien ejemplar, de las narraciones, y un cuestionamiento de la autoridad de ciertos personajes o temas, es tentador relacionar la desmitificación con la quiebra discursiva que el postmodernismo ha traído a todas las disciplinas de humanidades. Pero el pensamiento mítico como tal ya había sufrido una fuerte transformación con la aparición del positivismo de origen ilustrado. Como señala Rafael Vidal Jiménez, “hasta entonces las categorías del pensamiento premoderno se habían basado en una comprensión de la existencia humana centrada en la repetición cíclica de una identidad originaria arquetípica.” (Vidal, 1999) Vidal relaciona este tipo de pensamiento con el estudiado por obras como El mito del eterno retorno, de Mircea Eliade. Este pensamiento se basa en una concepción del tiempo como algo circular y eterno, en el que la autoridad de los relatos fundacionales resulta incuestionable en sí misma. La ilustración y el positivismo irrumpen en este panorama con una intención muy distinta, no se trata ya de conservar el orden, sino de anticipar “los efectos futuros de la acción” (Vidal, 1999), y de comprender el mundo desde presupuestos racionalistas. La aparición de la idea de progreso es un acontecimiento social que cambia el modo de ver la historia y el mito, y es la clave del pensamiento moderno hasta la ruptura postmoderna, en que se percibe la imposibilidad de mantener la misma interpretación de la realidad.

En este contexto histórico, la revisión de los temas míticos en la etapa moderna (valga como ejemplo la obra de Brecht que discutíamos más arriba) trata de minar la autoridad conservadora del tiempo cíclico-mítico para reinscribir el mito en una idea concreta de progreso histórico y social (en este caso de raíz marxista).

Como producto postmoderno, Star Wars puede servirnos como muestra de un cierto tipo de actitud ante el mito en nuestra época. En primer lugar, las declaraciones de Lucas sobre el carácter mítico de sus películas (él cita pero no reinterpreta, como diría Vidal, apela sólo a la identidad originaria arquetípica), así como la utilización voluntaria de los topoi clásicos señalados anteriormente, evidencian una voluntad de situarse en el horizonte premoderno de los relatos fundacionales cíclicos, fuera por tanto del alcance de la crítica ideológica de cualquier signo. Dice Lucas: “La lucha interna del hombre entre el Bien y el Mal ha estado presente desde el principio de la civilización. La mitología y todas las religiones se refieren a ella.” 8 Como en las películas de vaqueros más típicas del género, en Star Wars está muy claro quiénes son los buenos y quiénes los malos. Hay que decir, sin embargo, que la mitología clásica suele ser bastante más ambigua moralmente que las adaptaciones americanas populares, véase por ejemplo el Hércules modélico de la reciente y exitosa serie de televisión, tan poco parecido a lo que del héroe cuentan los textos clásicos. La colección de temas que recoge Star Wars es para Joan Bassa y Ramón Freixas un indicador del agotamiento del género de ciencia ficción (del que Lucas reniega), pues la “acumulación de efectos especiales” no tiene ninguna trascendencia, es “una suma, catálogo o inventario del género. [...] está todo y no hay nada”, (Bassa/Freixas, 1993: 184). En la misma línea, Balló y Pérez dicen que George Lucas “utiliza” estos relatos ancestrales con gran oportunidad comercial (Balló/Pérez, 1997: 66). Destaco el verbo porque en el caso de otras películas hablan de “influencia”, “recreación”, etc.; es decir, la clave de las quejas de estos autores sobre las citas míticas de Star Wars está en que no son otra cosa que citas, en que no hay reinterpretación, sino sólo repetición. Lucas ignora deliberadamente que el pensamiento cíclico carece de legitimidad en un contexto cultural postmoderno.

El mito reducido a mero repertorio literario no despierta ninguna simpatía entre la crítica, sobre todo si hay una sobrecarga de significaciones a veces incompatibles (quizá sea excesivo que en una sola película se recreen los topoi de la Inmaculada Concepción, los Caballeros Andantes y el Ángel Caído). Esta abundancia de temas hace que de alguna manera sus significados se anulen entre sí y resulten monumentos muertos, obedeciendo al carácter de pastiche que según Jameson caracteriza al arte postmoderno (Jameson, 1991: 16-25). Incapaz de mostrar el significado de los acontecimientos históricos o míticos, el arte postmoderno ha de contentarse con multiplicar el número de espejos, de reflexiones sobre esa realidad en última instancia inalcanzable. La heterogeneidad es la norma, y lo sospechoso es intentar quedarse con una sola explicación y un solo significado. Como en The Matrix, el espectador se divierte reconociendo motivos y tramas de diversas épocas combinados en un potpurrí imposible. Pero lo que en The Matrix sirve para ilustrar una reflexión irónica sobre nuestro mundo, la tecnología, la pérdida de la humanidad y la naturaleza del poder, en Star Wars se pone al servicio de un entretenimiento que voluntariamente renuncia a la crítica e insiste en su carácter de fábula inocua. Según Jameson, la “mitomanía” postmoderna o este entusiasmo por los cuentos “is no doubt the symptom of social and historical impotence, of the blocking of possibilities that leaves little option but the imaginary” (Jameson, 1991: 369). Pero también es algo más, como señala Easthope hablando de la cultura popular, no se trata tanto de la ideología concreta que representen los textos como de que estos renuncien a la producción, el trabajo y lo simbólico para sustituirlos por la consumición, el entretenimiento y lo imaginario. (Easthope, 1991: 100). Es decir, la incorporación de temas o mitos canónicos a un producto popular como es la saga Star Wars sería un ejemplo del gusto postmoderno por la mezcla de códigos (culto/popular), en este caso desprovistos de aparato simbólico transformador, y reducidos por tanto a producto para ser consumido.

http://shop.starwars.com

Existe todo un dominio en Internet (v. título de este apartado) dedicado a la compra de objetos de merchandising relacionados con las películas de Star Wars. George Lucas, (quizá al mismo tiempo que Disney) ha inventado un nuevo tipo de coleccionismo moderno. Al principio se coleccionaban cosas que originalmente tenían otra función (sellos, latas de cerveza, abrecartas), después se crearon cosas para ser coleccionadas ya sea por su valor estético (figuritas de porcelana) o por su carácter de representación de otra cosa ya existente (cromos de fútbol). Pues bien, creo que George Lucas es el primero que ha hecho películas para poder luego vender objetos relacionados con ellas. Los muñecos de los ewoks y Jar Jar Binks, la taza de té-casco de Darth Vader, el portalápices R2D2, el ratón de ordenador Darth Maul...: la lista es interminable. El colmo de este oportunismo es la escena de la carrera de vainas (homenaje a Ben-Hur, por cierto) de The Phantom Menace, diseñada al mismo tiempo que el videojuego Pod Racer Episode I, en que el jugador toma el lugar de Anakin Skywalker y ha de conducir su vaina por el difícil circuito que se ve en la película, con adversarios temibles incluidos 9.

George Lucas rechaza siempre las insinuaciones de la prensa a este respecto 10, pero lo cierto es que resulta imposible creer que la planificación del merchandising no sea una parte vital en el proceso de creación de sus películas. Lucas no niega que esta actividad le reporte mucho dinero, pero insiste en que es algo posterior y en todo caso subordinado a la escritura de los guiones, al rodaje de la película, y en definitiva a su independencia como artista “puro”. Para Lucas es muy importante autopresentarse como campeón en lucha contra la maldad corporativa de los grandes estudios, como cineasta independiente preocupado únicamente por introducir temas profundos en sus películas. Tenemos que perdonarle por ser millonario porque al fin y al cabo sólo intenta transmitir un mensaje que enlaza con la mitología y los cuentos de hadas.

George Lucas posee las empresas Lucasfilm Ltd., Industrial Light & Magic, LucasArts Entertainment, Lucas Licensing y Lucas Learning, además del 10% de la multinacional del juguete Hashbro, dedicada a producir y distribuir los juguetes de sus películas 11. Este conjunto de empresas está detrás de algunos de los éxitos más sonados del cine americano reciente (los efectos especiales de Jurassic Park, por ejemplo), además de ser un gigante en el mercado de videojuegos, parques de atracciones e industria del entretenimiento en general. The Phantom Menace fue distribuida por la Fox, gracias a un contrato según el cual a esta compañía le corresponde el 10% de los beneficios y a George Lucas el 90%. A pesar de todo esto, Lucas insiste en que es sólo un humilde director independiente, porque gana menos que los otros estudios (aunque él sea uno, y los estudios, multinacionales de dirección más descentralizada):

Si me comparas con los estudios, ellos ganan entre cinco y diez veces más de lo que yo gano. [...] Ellos ganan miles y miles de millones cada año, y yo no. [...] A este nivel, el poder se traduce en dinero. Fox, Time Warner o Disney son gigantes empresariales.12

En cambio, él sólo quiere esos millones de dólares para poder mantener su autonomía artística: “he comprado mi libertad, que es lo que había buscado durante todos estos años”, dice en la misma entrevista. Esta libertad se traduce en la posibilidad que ahora tiene Lucas de ejercer un control absoluto sobre su obra, prácticamente anulando la cualidad de producto colectivo inherente al medio cinematográfico. En una entrevista con el editor de la película, Martin Smith, éste elogia el modo en que se ha hecho The Phantom Menace:

No hay ni un solo plano en toda la película que no hayamos retocado, apunta Smith. Si quisiéramos, podríamos darle la vuelta a la película en las salas de edición. Si, por ejemplo, no nos gustase la manera en que un actor ha movido la cabeza, la podríamos mover a nuestro gusto. 13

George Lucas es el emperador en su galaxia. Como Palpatine, se corona emperador para independizarse de un sistema corrupto e incompentente (la República/los grandes estudios), con las mejores intenciones de (en ambos casos) enriquecerse y transmitir un mensaje fabuloso-mitológico que los más exaltados acaban convirtiendo en una especie de religión. ¿Es esta ideología realmente tan inocua como proclama Lucas?

“- Are you a slave?” “- I´m a person!” 14

En The Phantom Menace existe la esclavitud en las zonas de la galaxia fuera del control de la República, pero Anakin Skywalker conoce sus derechos y rehúsa ser definido por su condición social, que sin embargo determina toda su existencia. Anakin y su madre son esclavos, aunque no se pueda decir (en la escena de la comida, cuando se revela su condición de esclavos, Lucas escribe en el guión que hay un silencio “embarazoso”, pág. 56). Esta obsesión por lo políticamente correcto impregna todo el guión de la película: Naboo es una monarquía electiva que no se basa en la sangre, sino en la democracia (una se pregunta entonces por qué eligieron como reina a una adolescente inexperta); los protagonistas no desprecian a los seres de otras razas (por ejemplo, Jar Jar Binks, que habla con marcado acento afroamericano además de usar una lengua “especial” basada en la deformación sistemática del inglés); y los malos son máquinas (los androides de la federación), así que no da reparo moral matarlos.

Parece que Lucas ha querido corregir los “excesos” de las tres primeras películas, en las que no había mujeres si exceptuamos a Leia 15 (aquí, aparte de Amidala, están las doncellas reales y hay alguna mujer en el consejo Jedi), las tropas del Imperio que había que destruir eran humanos (como se dice en la película Clerks muy brechtianamente: ¿qué hay de los miles de obreros que construían la “Estrella de la Muerte” y que volaron por los aires gracias a los “libertadores” de la rebelión?), y algunos personajes se comportaban de un modo ambiguo y con demasiado sentido del humor (Han Solo o Lando Calrissian). Ahora al espectador no le queda más remedio que reírse de los tropiezos infantiles y chistes fáciles de Jar Jar o no reírse en absoluto.

Otras novedades se refieren a la explicación de lo que antes se dejaba en el aire, la misteriosa Fuerza de los Jedi pasa de ser algo místico a tener una explicación científica: alta concentración de midi-chlorians en la sangre, con lo que a Lucas se le ha escapado una aristocracia genéticamente determinada. Además, los Jedi, cuyo consejo reside en un “templo”, se organizan como una jerarquía eclesiástica y son los guardianes de la moral del universo, parecen a veces tener la manga muy ancha, (“Greed can be a powerful ally, if it´s used properly”, Lucas, p.59) y razonan con una ineptitud doctrinal notable (“Fear is the path to the dark side... fear leads to anger... anger leads to hate... hate leads to suffering”, Lucas, p. 104).

En mi opinión, el mensaje que Lucas quiere transmitir con la película se resume en una frase de Anakin Skywalker: “Mom... you said the biggest problem in the universe is no one helps each other” (Lucas, 1999: 59). Si todos fuéramos buenos, el sistema funcionaría, pero no se cuestiona la legitimidad del sistema (las leyes que permiten el bloqueo a Naboo, el funcionamiento deficiente del Senado, la existencia de la esclavitud...). La necesidad de héroes viene dada por la imposibilidad del acuerdo general, pero los héroes no tienen sentido en una democracia como se pretende que es la de la República. No se puede cambiar nada a no ser mediante una acción individual (o en todo caso minoritaria) heroica: Luke Skywalker contra Darth Vader y el Imperio, los Jedi contra Darth Maul, George Lucas contra los grandes estudios... Este mesianismo implica pasividad (si no soy el elegido no puedo hacer nada) y arbitrariedad (como soy el elegido, hago lo que quiero).

El trasfondo ideológico de la película no es nada inocuo, sino conservador en extremo, porque detrás del ensamblaje exótico de referentes mitológicos y la omnipresencia de lo políticamente correcto planea la idea de la cultura como entretenimiento o bien de consumo, la cultura como anestesia. “La película es puro escapismo”, dice George Lucas 16, sin advertir que el puro escapismo es incompatible con el pensamiento trascendente mitólogico al que pretende aspirar.

La insistencia de Lucas en que su película no es ciencia ficción también puede interpretarse como un voluntario alejamiento de un género fundamentalmente crítico y anti-utópico como es la ciencia ficción moderna. La ciencia ficción es demasiado política para las intenciones anestésicas de Lucas. Paradójicamente, al tiempo que se rechaza incidir demasiado en los aspectos más “mecánicos” del universo que se describe en Star Wars (no hay mucho detalle o rigor tecnológico en el funcionamiento de armas, naves, etc., y todo tiene un sabor bastante amateur y primitivo en comparación con las películas de ciencia ficción), hay una concepción romántica de la tecnología en cuanto a su utilización para el rodaje, ensamblaje, y efectos especiales de la película. Podríamos hacer un chiste y decir que lo que de verdad es mítico y pasará a la historia acerca de la serie Star Wars son sus efectos especiales.

Industrial Light & Magic se precia de haber logrado que los personajes digitales de The Phantom Menace parezcan tan reales como los actores. Star Wars siempre ha representado la vanguardia tecnológica con sus sucesivas películas, y la primera revolucionó el mundo de los efectos especiales cinematográficos. En el universo de las películas no se presta atención al tema de la tecnología y sus efectos, pero en la vida real es un tema vital para Lucas, y gran parte de la publicidad de sus películas (y de los elogios que recibe de la crítica) insiste en el hecho de que aprovecha los efectos especiales y las tecnologías digitales más avanzadas. La página oficial de la película habla en su apartado tecnológico de "The Virtual Paradox", refiriéndose a que los efectos especiales son ahora mucho mejores que en 1977, cuando se estrenó la primera película, así que los ingenieros de ILM se han tenido que esforzar para, con las técnicas más avanzadas, lograr el aspecto anticuado de efectos especiales característicos de la saga, como los hologramas o el rayo de las espadas láser.17 Esta paradoja es una más de las que venimos mencionando como características de Star Wars.

“Always remember, your focus determines your reality.” 18

Parece que hemos perdido de vista la discusión sobre la mitología en un batiburrillo de cifras, beneficios e ideologías, pero este rodeo era necesario para situar la película en un contexto más amplio que el de su propia temática, ya que no es sólo ésta la que determina su posición como artefacto cultural.

La frase que da título a esta conclusión, y que parece una declaración de intenciones relativista, la pronuncia el maestro Jedi Qui-Gon Jinn en su adiestramiento del joven Anakin Skywalker. En cierto modo encarna la idea de que necesitamos mirar el fenómeno Star Wars desde varios enfoques distintos para poder comprenderlo, ya que este cobra sentido en una serie de parejas de ideas contradictorias cuyo fundamento es el abismo existente entre lo imaginario (la película como discurso mitológico y, según Lucas, liberador) y lo real (la película como producto de consumo generador de multimillonarios ingresos). Algunas de estas parejas (el primer miembro pertenece siempre al mundo de las películas, y el segundo a la realidad) podrían ser: el Imperio quiere controlar la Galaxia y por tanto es malo/ el Imperio Lucas quiere controlar las películas y por tanto es bueno; la Rebelión es luchar contra el Imperio y destruir sus centros de poder/ la Rebelión es la norma: comprar todo el merchandising; el Elegido trae esperanza a los que no la tienen/ el elegido (Lucas) se hace rico entreteniendo a la gente; ignorar la tecnología/idealizar la tecnología y efectos especiales...

La lectura de los topoi míticos de los que hablábamos al principio se convierte aquí en inevitablemente ideológica e irónica, pues en nuestra opinión la mitología juega un papel fundamentalmente integrador de estas contradicciones. Pasamos de la mitología como repertorio de temas literarios que mencionaba García Gual a la mitología como eslogan publicitario, aquello a lo que Lucas quiere que prestemos atención y que fundamenta The Phantom Menace. Es un cuento de hadas anacrónico, una afirmación de valores tradicionales que se presenta como un soplo de aire fresco contra el cinismo relativista reinante. 19 Excede los límites de este artículo investigar las razones que llevan a miles de personas a acudir a los cines y a comprar los productos Star Wars, ya sea porque les recuerda su infancia o por el gusto actual por ciertas formas de cultura popular (y sus fetichismos) en relación con la importancia de lo kitsch en la postmodernidad. Es posible que el público esté harto de películas en las que no sabe a qué atenerse y agradezca de vez en cuando un entretenimiento sencillo y sin complicaciones, pero me inclino a pensar que la mayoría de la gente es perfectamente consciente de lo limitado de la filosofía Star Wars y del carácter de simulacro de la mitología que trata de establecer. Quizá sea un signo de los tiempos la capacidad de integrar mensajes contradictorios y haber aceptado la idea implícita de la cultura como bien de consumo.

No es mi intención sacar conclusiones demasiado generales e insinuar que el único sentido de la mitología clásica en el mundo actual es darle un barniz atractivo y erudito a productos de la cultura popular. Pero no hay duda de que Star Wars es algo más que un ejemplo aislado, ya que origina todo tipo de modas y tendencias en más ámbitos sociales que el puramente cinematográfico. Creo que la recuperación mitológica que realiza la última película de la saga es especial, puesto que carece de toda la ironía (reveladora de un cierto grado de reinterpretación) de la primera trilogía, y que este hecho está en relación con la oportunidad comercial que ha rodeado la concepción, rodaje y lanzamiento de la nueva entrega. Es demasiado evidente el deseo de no ofender a nadie, de que todo el mundo sea capaz de identificarse con alguno de los personajes o temas tratados: los más pequeños con las gracias de Jar Jar y sus padres con el destino trágico del nuevo Ángel Caído. Pero este nuevo catálogo de citas no ha emocionado al público adulto al que Lucas se dirigía, ya que la mitología tiene un componente catártico totalmente ausente de la nueva película. Los cuentos no son sólo cuentos, como diría Fredric Jameson 20, especialmente los que hacen uso de recursos mitológicos. La insistencia de Lucas en que nos fijemos en la mitología que evoca no hace más que llamar la atención sobre la verdadera naturaleza anestésica de su última película.

Notas
1.      En el momento de escribir este artículo (diciembre de 1999), están previstas dos películas más de título aún sin confirmar. Junto con “La Amenaza Fantasma” formarán la segunda trilogía de “precuelas” (juego de palabras que alude a su condición de secuelas de la trilogía original, que sin embargo muestran hechos que sucedieron antes en el tiempo del universo de Star Wars). Las tres películas de la primera trilogía son: “La Guerra de las Galaxias” (1977), “El Imperio Contraataca” (1980) y “El Retorno del Jedi” (1983). La primera trilogía volvió a estrenarse en los cines en una versión digitalmente restaurada en 1997, consiguiendo de nuevo ingresos millonarios.

2.      Otras cifras orientativas sobre “La Amenaza Fantasma”: presupuesto- 17.000 millones de pesetas, precio que ha pagado Pepsi para patrocinar los nuevos tres episodios- 300.000 millones de pesetas, recaudación en nueve semanas (en EE.UU.)- 63.000 millones de pesetas. (Datos aparecidos en Cinemanía, n. 47, agosto 1999).

3.      El dato de Der Spiegel recogido en p. 57: StarWars Official 20th Anniversary Commemorative Souvenir. (VV.AA., 1997), v. bibliografía.

4.      Pág. 12, Cinemanía, n. 47, agosto 1999. Hay muchos ejemplos de esta actitud; he aquí una pequeña muestra: Almudena Grandes escribía en El País que la película era “una compleja mitología galáctica”; Balló y Pérez definen la saga como “una inteligente combinación del relato mesiánico con la adopción de una iconografía de rituales orientalizantes próximos a la estética guerrera de los samurais.” (Balló, 1997: 66). Janet Murray dice que la serie demuestra que “age-old story epic formulas remain compelling even in our postmodern and antiheroic era.” (Murray, 1997: 186). E incluso hubo una exposición titulada Star Wars: The Magic of Myth, que expuso trajes y objetos de las cuatro películas en el San Diego Museum of Art a lo largo de octubre de 1999.

5.      Casi todos recogidos en un interesante artículo titulado “El Universo según Lucas”, de F. Z., aparecido en Cinemanía, n. 47, agosto 1999, págs. 29-31.

6.      Como por ejemplo dice George Lucas, “now we call it science fiction. Before they called it religion or myths or whatever they wanted to call it” (VV.AA. 1997: 58). De la misma opinión es el artista gráfico del equipo de “La Amenaza Fantasma” Iain McCraig, en Fotogramas, n. 1870, agosto 1999, pág. 34.

7.      Pág. 43 del guión de la película, v. bibliografía.

8.      En entrevista publicada en Fotogramas, n. 1870, agosto 1999, pág. 12.

9.      Otro fenómeno mediático de las mismas características es el éxito mundial de la serie japonesa de dibujos animados Pokemon, cuyo hilo argumental es el viaje de un niño que colecciona “monstruos” con poderes mágicos. Estos monstruos están disponibles en versión de plástico (también en cromos, juegos de bolsillo, etc.) para que los espectadores puedan hacerse con la colección completa, y determinados modelos difíciles de encontrar se subastan en Internet a precios exorbitantes. El coleccionismo se convierte en tema principal de una obra de ficción : el súmmum del consumismo.

10.  En una conferencia de prensa celebrada el 25 de Julio de 1997 en Caserta, Italia, George Lucas dijo: “I don't really think about the merchandising before I make a movie -- I make a movie because it's a subject that I'm interested in. But after the movie is made, because I am an independent filmmaker, I have to figure out lots of different ways of making sure that I get my money back and merchandising is one of them.” (Fuente: http://www.starwars.com/episode-i/news/1997/29/pressconf.html  27/10/99)

11.  Datos de Fotogramas, n. 1870, agosto 1999, pág. 12.

12.  Fotogramas, n. 1870, agosto 1999, pág. 18.

13.  Fotogramas, n. 1870, agosto 1999, pág. 36.

14.  Del guión de la película, pág.44, v. Lucas, 1999.

15.  Aunque Lucas sigue reconociendo que se trata de una película “de chicos”. Fotogramas, n. 1870, agosto 1999, pág. 18.

16.  En Cinemanía, n. 47, agosto 1999, pág. 11.

17.  El supervisor de efectos especiales de The Phantom Menace, Scott Squires dice: “And through better technology and special effects techniques stepping from the physical world into the virtual one, ILM strives to remain true to the classic look of the Star Wars saga. (...) But no matter what the technology is or becomes, we’ll always remain consistent within the Star Wars universe.” En  http://www.starwars.com/episode-i/features/ilm/ (22/11/99)

18.  Del guión de la película, pág.108, v. Lucas, 1999.

19.  Véase Jenkins ,1997; que cita de la revista Variety, pág. 169.

20.  Me refiero a The Political Unconscious. Narrative as a Socially Symbolic Act, (v. bibliografía), un título fundamental en la crítica literaria neo-marxista y de Estudios Culturales en general.

Bibliografía

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Filmografía

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